Redefiniendo a la verdad

Posteado el 30 mayo 2010 por

Antiguamente, y hasta hace un par de centurias, la verdad era propiedad del clero. No estaba permitido cuestionar aquello que estaba en las escrituras, ni tampoco requería prueba alguna. La tierra fue girando, el tiempo fue avanzando y el pensamiento metódico y racional comenzó a imperar.

La ciencia hoy se caracteriza por seguir un método específico de estudio: relevamiento, procesamiento y análisis de datos, elaboración de hipótesis o conclusiones y, como último paso, divulgación de los resultados en medios de renombre científico, ya que para convertir una idea en teoría debe ser aprobada por la Comunidad Científica. Esta forma de validar un conocimiento adhiere al paradigma del trabajo en equipo, que paralelamente se instauró en lo social, económico y político.

Podemos suponer que esa comunidad científica era un entorno organizado, metódico e intelectual. Pero nada más alejado de la realidad, usualmente solían darse intensas disputas, competencias, sabotajes y calumnias, en pos de ser el primer hacedor de la “verdad”. Es por eso que desde siempre los datos recabados en las investigaciones eran celosamente cuidados, su valor medible como “su peso en oro” a los ojos de quien los consiguiera, temeroso de copias o plagios.
Pero la transformación de la sociedad tecnológica comenzó a tejer redes invisibles a los ojos físicos, inalámbricas o por ondas, con una efectividad abrumadora, de tal modo que también exigió un cambio en la labor científica. El método científico no podía permanecer ajeno al nuevo paradigma y la comunidad fue orientándose al trabajo grupal, a la construcción de un conocimiento en común.

En coherencia con ello surgieron investigadores innovadores en los últimos siglos. Tal vez uno de los primeros en entender estos conceptos de trabajo comunitario y grupal fueron los fundadores de la Royal Society, aunque aún conserva el carácter hermético y competitivo que la caracterizó desde sus inicios.

El ejemplo más claro que tenemos del cambio en el trabajo cooperativo y la comunicación de la información es la Sociedad Max Plank con su organización peculiar y su participación en el Gran Colisionador de Hadrones. Esta sociedad está compuesta por cerca de 80 institutos distribuidos en Alemania y otros países (incluyendo Brasil), que se encuentran en cooperación permanente, compartiendo datos recabados con los centros que la integran, acelerando de esta forma su progreso. Generando nuevos proyectos en conjunto y brindando la oportunidad a cientos de estudiantes de ingresar a ella.

Lejos ha quedado el proyecto SETI, pionero de la recaudación colectiva de datos, aunque aún vigente continúa en la búsqueda y exploración espacial, invitando a todo poseedor de una computadora a ser partícipe de un descubrimiento de vida extraterrestre.

Poco a poco los delicados egos de la intelectualidad ceden paso al bien común. Científicos comparten premios y honores, hasta el Nobel, en pos de realizar un descubrimiento en conjunto, es decir “compartir esa creación de la verdad”. De esta manera se acelera el proceso de avances tecnológicos y de su aplicación, como un acero-chicle (para construcciones anti sísmicas) o un líquido imantado que toma diversas formas (pueden ver un ejemplo aquí)

La verdad no está en manos de la iglesia, pero tampoco ya en manos de un científico, sino que es parte de todos, es una verdad compartida.

Pese a que el paradigma se está transformando hacia este sentido comunitario y de solidaridad en la indagación, aún quedan restos del anterior modelo, investigadores encapsulados en el tiempo, egoístas en sus datos, que con los recursos que poseen sueñan ser descubridores, con ponerle el nombre a un objeto, a una teoría, y figurar por siempre en el manual Santillana.

Si todos continuáramos en esa línea de trabajo, yo aún soñaría con ponerle mi nombre a una nueva estrella ¿se imaginan? Millones de personas en el mundo deberán aprender a escribir mi apellido para aprobar una materia, eso sí que sería falta de solidaridad y sentido comunitario.

Mariela Nowozynski : Es argentina. Prof. de Psicología y Ciencias de la Educación, especializada en Educación Emocional. Orientadora Vocacional para los adolescentes y Profesional para los adultos. Aficionada a la Astronomía.

2 comentario/s

  1. Gilda Says:

    Mas contacto con la tierra y sus ciclos, mas permacultura, mas conciencia y responsabilidad en el dia a dia, en cada acción y pensamiento.
    Cuidarnos mas unos a otros.
    Hablar de corazón a corazón

  2. Carlos Javier Says:

    Hola Gilda:

    Me parece que te puede interesar el tema de la ética hacker. Te recomiendo leer el libro del filósofo y sociólogo finlandés Pekka Himanen al respecto.

    Te debo el enlace ;)

    Saludos!

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